Tómalo con calma, aquí resolvemos algunas de las dudas más comunes, esperando que resulten tranquilizadoras.

¿Contraje diabetes por mi culpa?

En términos generales, no. Debido a que el sobrepeso es la causa principal de la diabetes, es fácil echarse la culpa. Pero a pesar de que la diabetes tipo 2 está muy relacionada con el estilo de vida que escoges, podrías no saber cuáles alternativas son mejores.

Muchas personas simplemente no creen que los alimentos que comen o el peso que tienen podrían conducir a la diabetes, o que la falta de ejercicio genera enfermedades. Este tipo de conocimientos no se adquieren en la escuela ni se comentan abiertamente.

Además, es poco probable que la diabetes tipo 2 se desarrolle por una sola causa, incluida la obesidad, aunque esta es un factor preponderante. Hay cuatro elementos que juntos se potencian unos a otros: inactividad, genética, mala alimentación y edad.

Es preferible dejar esta pregunta de lado y concentrarte en el presente y el futuro. Si te echas la culpa te sentirás peor, en cuyo caso es poco probable que te cuides como es debido.

Sí, es muy duro saber que tienes una enfermedad crónica. La impresión es que un día tienes un certificado de buena salud, y al siguiente estás con un problema para el resto de la vida. Pero no te desesperes. Seguramente has tenido diabetes desde hace tiempo y ahora que lo sabes, has dado un paso importante hacia la salud… no a la enfermedad.

¿Cómo afecta la diabetes mi salud?

Piensa en lo que pasa cuando derramas miel: se embarra en todo lo que tocas y deja pegajosa la barra de la cocina. Ahora imagínate un derrame de miel en el torrente sanguíneo, que equivale al exceso de glucosa en la sangre.

¿Qué sucede? Las células se hacen más pegajosas y la circulación se vuelve más lenta, provocando que la cicatrización de los tejidos se retrase, y que algunos componentes se adhieran a las paredes de las arterias, causando coágulos.

En pocas palabras, todo el cuerpo se torna pegajoso por tener demasiada glucosa en la sangre. Así como no dejas miel en la barra de la cocina, debes limpiar la glucosa de la sangre tan pronto y tan completamente como sea posible, pues la viscosidad solo empeorará.

Si lo logras, te vas a sentir mejor en seguida. Incluso si no tienes síntomas de diabetes, esta limpieza disminuirá el riesgo de presentar problemas relacionados con la misma, como los siguientes:

  • Daño a los delicados vasos sanguíneos en la parte posterior del ojo (la retina), que puede ocasionar problemas de visión.
  • Deterioro de los capilares en los riñones que filtran los desechos del cuerpo.
  • Desgaste de la función nerviosa, pues los vasos sanguíneos dañados no la alimentan bien.
  • Alteración de las paredes arteriales, haciéndolas más proclives a atraer coágulos y placa, lo cual puede causar infartos y derrames.

Estas complicaciones causan todo tipo de estragos, como mala cicatrización, infecciones, falta de sensibilidad que puede conducir a lesiones (especialmente en los pies), pérdida de visión, tobillos hinchados, fatiga, disfunción sexual… la lista es larga.

Afortunadamente, hay varias cosas que puedes hacer para retirar el exceso de glucosa de la sangre y detener esta avalancha de problemas.

Te recomendamos leer: La diabetes podría afectar tu salud sexual y reproductiva

¿Tendré que cambiar todos mis hábitos para controlar la diabetes?

Definitivamente tendrás que añadir algunos hábitos y cambiar otros. Los cuatro principales en los que tienes que concentrarte son: tomar los medicamentos puntualmente y en las cantidades exactas; medirte la glucosa con regularidad; comer saludablemente y hacer más ejercicio.

El médico también te advertirá que dejes de fumar y evites o limites al máximo las bebidas azucaradas.

Si no recibo tratamiento para la diabetes, ¿qué podría pasar?

¡Claro que lo vas a recibir! Pero cabe destacar que si bien varias complicaciones de este mal se desarrollan lentamente a lo largo de los años, los niveles muy altos o muy bajos de glucosa en la sangre pueden tener efectos inmediatos que rápidamente podrían desencadenar algo grave o mortal.

Por fortuna, el médico o tú pueden tratar estas complicaciones fácilmente. Y hacer un seguimiento estricto del nivel de glucosa evita que te tomen por sorpresa. Vas a comprender mejor la diabetes si entiendes las siguientes dolencias.

Síndrome hiperosmolar

Este peligroso trastorno proviene de un nivel excesivamente alto de glucosa en la sangre y afecta sobre todo a personas con diabetes tipo 2 que no saben que tienen la enfermedad o no la están controlando adecuadamente.

Con el trastorno hiperosmolar diabético, la glucosa sanguínea se concentra tanto que la sangre se torna espesa y viscosa. A medida que el organismo reacciona y expulsa la glucosa por la orina, te puedes deshidratar severamente y sufrir calambres, pulso acelerado, confusión, convulsiones e, incluso, entrar en coma.

El tratamiento consiste en reponer líquidos y administrar insulina.

Hipoglucemia

La diabetes no siempre tiene que ver con exceso de glucosa; de hecho, la complicación más común de la diabetes es un nivel de glucosa demasiado bajo, es decir hipoglucemia.

Se da más a menudo en personas con diabetes tipo 1 porque es más probable que caiga el nivel de glucosa por administrarse demasiada insulina. Sin embargo, la hipoglucemia también se presenta en personas con tipo 2, si baja el nivel de glucosa debido a la insulina u otros medicamentos, e incluso empeora, entre otras cosas, porque pasa demasiado tiempo entre comidas.

¿Corro riesgo de perder la vista o sufrir una amputación?

Alguna vez se creyó que la gran mayoría de los pacientes de diabetes a la larga desarrollarían complicaciones, como lesiones en los nervios, daño en los pies y problemas de la vista. Pero eso no es cierto. Si mantienes el nivel de glucosa sanguínea dentro de un rango normal, reduces considerablemente el riesgo de presentar estas dolencias y puedes llevar una vida saludable igual que todo el mundo.

¿Es verdad que las heridas no cicatrizarán fácilmente?

Es probable, así que resulta fundamental tratar las heridas adecuadamente, sobre todo las de los pies.

Por la diabetes, podrías tener mala circulación en las extremidades inferiores, lo cual significa que las lesiones sanarían más despacio y hay mayor riesgo de desarrollar una infección. Por eso, si tienes una herida menor, haz lo siguiente:

  • Lávate las manos con agua y jabón.
  • Después, lava la herida con agua y jabón, enjuaga con mucha agua y sécala suavemente con una toalla limpia, ya sea de tela o de papel.
  • Pon un poco de pomada antibiótica en un hisopo de algodón y esparce una capa delgada sobre la lesión (no apliques la pomada directamente con los dedos).
  • Cubre la herida con una venda adhesiva.

Si el aspecto de la herida no mejora al cabo de un día, o si hay indicios de infección porque la zona afectada se ha hinchado, está roja, caliente o supurando, llama inmediatamente al médico o a un especialista en cuidado de los pies.

¿Tendré diabetes para siempre?

¿Has escuchado a alguien comentar que es alcohólico, a pesar de que no se ha tomado un trago en 20 años? Lo que está diciendo es que, aunque tiene controlada su situación, seguramente habría problemas nuevamente si se permitiera volver a beber.

La diabetes es parecida. Si bien la puedes controlar y vivir normalmente, el hecho es que debes tener hábitos saludables para mantener la enfermedad a raya. A través de una dieta sensata y un plan de ejercicios —junto con medicamentos, si los necesitas— puedes conservar los indicadores en niveles normales y seguros durante décadas.

Pero si dejas de controlar la diabetes y retomas los hábitos poco saludables —un estilo de vida sedentario o una mala alimentación, por ejemplo—, la glucosa en la sangre inevitablemente subirá a niveles nocivos y peligrosos. Además, la edad fomenta la enfermedad en algunas personas, aunque sean muy cuidadosas.

¿Hay una cura para la diabetes?

Hace unos años, los médicos habrían respondido tajantemente que “no”. Pero desde entonces, un acontecimiento innovador ha demostrado que es posible mantener la enfermedad en remisión, es decir, borrar todo indicio de la misma.

Los expertos lo lograron a través de la cirugía para perder peso en personas obesas. Incluso sin cirugía, ya está claro que tienes el poder de revertir el rumbo de la enfermedad, echando atrás el reloj de la resistencia a la insulina —el problema metabólico clave de la diabetes— para recuperar el nivel adecuado de glucosa sanguínea y mejorar tu estado de salud. Además, es mucho más fácil de lo que crees.

Varios estudios recientes indican que si se hacen cambios sencillos en los hábitos diarios, se pueden lograr mejoras sorprendentes en el nivel de hemoglobina A1C (una medida indirecta del nivel de glucosa en la sangre durante los tres meses previos a la toma de la muestra), el peso y otros indicadores de salud.

Si tomas medicamentos o usas insulina, podrías llegar a reducir la dosis o incluso suspenderlos, según el grado de desarrollo de la enfermedad. No obstante, no modifiques las dosis sin hablar antes con el especialista.

Incluso hacer cambios modestos en el estilo de vida tiene beneficios enormes. Por ejemplo, una caminata rápida tres veces a la semana puede disminuir la glucosa sanguínea considerablemente. Comer un poco menos todos los días, sin rebajar drásticamente las calorías, reduce el peso a largo plazo, una meta clave para la mayoría de las personas que padecen diabetes tipo 2.

Cambiar ciertos alimentos por alternativas más saludables mejora la sensibilidad del cuerpo a la insulina —lo cual revierte el desarrollo de la enfermedad— y controla el riesgo de presentar alguna cardiopatía… todo sin castigar el paladar.

Los científicos incluso han descubierto que dominar el estrés disminuye la glucosa en la sangre y baja la cantidad de grasa peligrosa —llamada grasa visceral—, que se aloja en la zona abdominal y dificulta el control del nivel de glucosa.

¿Qué otras preguntas tienes sobre esta nueva epidemia?

Fuente: Combate la Diabetes – Guía de Bienestar