Cuando mi hermano tenía tres años de edad, en una ocasión se acercó a mi mamá y le preguntó:

—¿Tienes frío?

Ella respondió que no, y el niño le hizo otra pregunta:

—¿Tienes calor?

Mi mamá le contestó que tampoco tenía calor, y mi hermano, con toda la ingenuidad de los niños de esa edad, le dijo:

—Entonces, ¿estás al tiempo?

Soy niñera de un pequeño de cuatro años llamado James. Una tarde nublada fui por él a la escuela, y de pronto empezaron a caer gotas de lluvia.

—¡Corre, está lloviendo! —dijo.

—Todavía no llueve —repuse—. Son sólo unos escupitajos.

El niño preguntó qué era eso, y le expliqué que eran pequeñas gotas de agua, como cuando alguien escupe.

—¡Vaya! —exclamó—. ¿Tú crees que haya estornudado el sol?

Una tarde lluviosa estaba yo con mi sobrino de cuatro años en mi casa, viendo su programa favorito de televisión. En eso, se oyó un trueno fortísimo y se fue la luz. Me quedé sentada junto a él por unos segundos en silencio, pensando qué hacer. Para sorpresa mía, mi sobrino también estaba buscando una solución, pues de repente me dijo:

—Sofi, ¿por qué no conectamos la tele al refrigerador? Siempre sale luz de allí.