Desde el punto de vista de los maestros, la problemática principal de las hondas deficiencias educativas de los niños vienen desde casa, pues los papás y mamás no hacen caso a sus hijos porque dan prioridad a sus extenuantes jornadas laborales, compromisos sociales o, simplemente, porque están muy cansados como para hacer algo con sus hijos, como tener que corregirlos o ayudarles a hacer la tarea.

 

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Entre la excelencia, la disciplina y la obediencia

Tenía un alumno excelente, disciplinado, inteligente, ocurrente, eficiente y obediente: un alumno ejemplar. Su madre, que a leguas se notaba que era responsable y cercana al chico, se acercó para saber cómo iba en mi clase, con una gran sonrisa de satisfacción le dije: “va muy bien, su hijo es un alumno ejemplar, lleva 10 en todo, creo que sólo tiene un 9 en spelling”.  El pequeño palideció y bajó el rostro avergonzado.

Enrojecida de coraje, acuchilló a su hijo con la mirada. Desconcertada, pregunté qué sucedía. La respuesta de aquella disciplinada mujer me fulminó: “¿Un 9? ¿Cómo es posible? ¿Qué, no estaba concentrado? ¿O tal vez usted se distrajo?  Mi hijo nunca puede sacar menos de 10”. Recuerdo que pregunté a mis jefes si sabían el porqué de esta exagerada reacción, y me contestaron que ella fue criada por militares y que el hermano mayor de este chico tenía parálisis cerebral por lo que para este pequeño era inadmisible fallar, que incluso varios profesores y directores habían tenido que intervenir calmando a la señora cuando el niño había presentado un reporte de conducta grupal, para que al llegar a casa no le pegara.

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No tengo la menor duda de que eres un papá o una mamá comprometido con tus hijos y que al día de hoy, seguramente, has hecho hasta lo imposible por darles lo mejor de lo mejor en todos los sentidos, que te desvives porque estudien un instrumento musical, hagan un deporte para que sean el siguiente Messi o la siguiente Paola Longoria y, por supuesto, que estén en “la mejor” escuela; pero, seamos honestos, ¿verdaderamente estás educándolos? ¿Puedes asegurar que sus maestros o profesores lo están haciendo?

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Maestros vs papás y mamás: La guerra de guerrillas

Por otro lado, desde el punto de vista de los papás, la principal problemática de la mala educación de sus hijos se debe a la poca preparación y sensibilidad de sus maestros, a su descontextualización con las “últimas tendencias”, a la nulidad metodológica de enseñanza o al poco liderazgo.

Sin embargo, no todo lo anterior es verdad ni tampoco es mentira, pero sí define una activa guerra entre papás y maestros que recrudecen el problema, y al final no resuelven nada.

 

Siempre habrá esperanza

Dicen Ramírez, García y Sánchez (2011), que el éxito educativo está regulado por cuatro parámetros:

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El primero es el alumno con sus aptitudes y capacidades, la motivación y actitud que tenga hacia el estudio, el esfuerzo que imprima, la responsabilidad, su compromiso, etc.

Por otro lado, tenemos a la escuela con su estructura y modo de funcionar, la preparación del profesorado, su capacidad para crear climas positivos que incentiven el aprendizaje y la inclusión, la actualización de los contenidos educativos, la utilización de metodologías activas, prácticas e innovadoras; la flexibilidad y adaptación de sus enseñanzas a la diversidad del alumnado, así como la coordinación que tenga con las familias y otras instituciones u organizaciones sociales.

El tercer parámetro es la sociedad, con su apoyo y recursos tanto económicos como sociales prestados hacia el sistema educativo, así como la influencia que imprime a través del barrio y su contexto.

Finalmente, la familia, con todo lo que es a nivel social, económico, profesional y cultural: sus hábitos, actitud hacia el estudio, la relación entre sus miembros, el clima familiar y la colaboración y compromiso con la escuela.

Como puedes ver, la educación es una tarea comunitaria, incluyente, cooperativa y colaborativa entre los maestros, los padres y la sociedad en general. ¡Hay esperanza!

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Hacia un puerto seguro

Niños competitivos, colaborativos, incluyentes o multiculturales… ¡no importa! Primero son seres humanos conscientes, y para que lo sean, te recomiendo lo siguiente:

  • Suma esfuerzos entre papás y maestros para encontrar las mejores estrategias que apoyen al desarrollo del potencial de cada niño, teniendo como eje primario su formación integral como persona.
  • El maestro no toma el lugar de los papás, pero sí es una figura importante en la formación del carácter y desarrollo de las habilidades de cada niño; necesita del apoyo de los papás para cumplir con ello.
  • Abraza, anima y contén, pero también corrijamos amorosamente a los hijos.
  • Todos los papás quieren lo mejor para sus hijos, así como todos los maestros para sus alumnos, lo que hace que todos vayamos en la misma dirección.
  • No hay más camino para papás y maestros que acercarse sin prejuicios, mirarse respetuosamente y aceptar sin exigencias o culpas lo que a cada uno le corresponde hacer; reconociéndose amorosamente y teniendo presente que juntos podemos encontrarnos en el camino que lleve a nuestros hijos (y a nosotros mismos) al puerto seguro de las buenas prácticas humanas que sean responsables y de sensibilidad del entorno social.
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La mejor fórmula para educar a nuestros hijos se encuentra en el respeto. Un respeto entre padres, hijos y maestros que crearán lazos de afecto en los hijos. ¿Cómo es la relación entre los maestros de tus hijos?

FUENTE: Ramírez Fernández, S., García Guzmán, Antonio y Sánchez Núñez A. 2011 ‘El éxito escolar’. Madrid. CEAPA.

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