Cuando Susanita (amiga de Mafalda) fantaseaba con el amor de su vida, lo único que a ella le interesaba era ser feliz; pero lo que nadie le dijo, fue que el amor es como una montaña rusa donde unas veces se está en lo más alto, y en otras, decididamente querríamos bajarnos y vomitar.

Y es que en este universo nada es eterno, ni siquiera el amor; pese a todas las creencias erróneas que nos hayamos formado a partir de décadas continúas de telenovelas, cuentos de hadas y música pop. El amor, como todos los estados emocionales, tiende a amainar con el paso del tiempo… y a renovarse cuando con los esfuerzos adecuados lo hacemos resurgir.

Sin embargo en ocasiones, por muchas ganas que le invirtamos, el amor nada más no resurge; porque como dicen por ahí, “donde uno no quiere, dos no pueden”. Y es real, es como en el tango, para bailar en el amor se necesitan dos. Y en esta circunstancia, a veces terminamos con el corazón destrozado y preguntándonos cómo vamos a hacerle para construir en un futuro, una nueva relación de pareja.

La respuesta es sencilla, pero en aplicarla estriba lo complicado: permitirnos de manera activa, digerir la etapa de nuestra vida que se ha terminado, y darle un sentido positivo a este fragmento de nuestra historia personal. Todo empieza esperando una o dos semanas a que el dolor se atempere un poco, para entonces estaremos de lleno en el proceso de duelo. Date tiempo, reflexiona qué es lo mejor para el bienestar de tus emociones; por ejemplo, considera que en este proceso de sanación, cada vez que vuelvas a hacer contacto con tu ex, cabe la posibilidad de que tu duelo se enganche a falsas expectativas o malas interpretaciones, y tengas que volver a empezar.

Escríbe una carta de despedida, algo como una exposición de motivos que incluya razones para dejar atrás la relación, y motivos para seguir adelante. ¿Qué de positivo te espera a mediano plazo?, permítete una postura crítica hacia la relación, y optimista hacia tu futuro. Rescata a la Susanita que todos llevamos dentro. Una vez que escribas esa carta quémala, entiérrala, hundela en una botella en el mar; se trata de un trabajo interno y personal tan tuyo, que muy probablemente a tu ex no le va a interesar mucho leerla.

Vas a tener muchas preguntas, esfuérzate por no buscar las respuestas del lado de tu ex, quien probablemente está a su vez buscando las suyas. El error de “stokearle” a través de sus redes sociales, únicamente va a mantenerle en el centro de tu historia, en el papel protagónico de esta relación que lamentablemente ya fue. Tu proceso de asimilar esta experiencia se consolida cuando te permites a ti y solamente a ti, asumir este papel protagonista, y para ello debes construir tus propias respuestas: ¿qué significó la relación… para ti?, ¿qué fue lo que sentiste o te motivó en algún momento dado?, ¿qué alertas detectaste, pero no les hiciste el caso suficiente?, ¿en qué momentos cediste, sin darte cuenta que en realidad debías de haber negociado?, ¿qué aportaste a la relación?

Eso podría también ir en tu carta de despedida.

Se trata de una labor que siempre todas y todos realizamos, consiste en homogenizar la narrativa de esa relación que fue, eliminando lagunas e incongruencias que nos enganchan a recuerdos tóxicos; por eso nadie puede ayudarte en esta labor, porque la narrativa que estructures deberá hacerte sentido únicamente a ti. No es una tarea sencilla, pero de ahí vas a extraer los recursos para en su momento involucrarte en una nueva relación, con nuevos aprendizajes: sabiendo qué vas a procurar que se repita la próxima vez, qué vas a evitar a toda costa, cuales son hoy tus criterios mínimos indispensables, y así.

Es elección tuya convertir esta ruptura en crecimiento, identificando que te llevas contigo a la relación que sigue, y que depositarás en la papelera de reciclaje del olvido.

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Hernán Paniagua