Regresa el Tamagotchi y con él los cuestionamientos sobre la dependencia tecnológica que esta clase de dispositivos genera.

Tras el anuncio del relanzamiento de la mascota virtual, han surgido los cuestionamientos sobre los padecimientos que provoca y ha reabierto el debate sobre lo bueno y lo malo de este tipo de tecnología para el entretenimiento, sobre si es sano o no para la niñez y la adolescencia. ¿Tú qué opinas?

Tamagotchi, ¿pionero en la dependencia tecnológica?

Si bien el Tamagotchi no fue el primer dispositivo móvil cuya finalidad era la recreación, sí fue el primero que demandaba atención constante. La demanda principal de esta “mascota” virtual era cuidar de ella: alimentarla, limpiarla y estar atento de ella en cada momento para que no muriera.

Por lo tanto, sus propietarios, en su mayoría niños y jóvenes, tenían que estar al pendiente del desarrollo del animalito a todas horas, generando una dependencia nunca antes vista. El fenómeno se notó en las escuelas, pues los niños llevaban estos aparatos que los distraían de sus clases.

La muerte de la mascota causaba depresión en sus propietarios e incluso su carácter virtual no impidió que hubiera un cementerio para Tamagotchis en el condado de Cornish, Reino Unido.

Aunque ya han pasado dos décadas desde su apogeo, los Tamagotchis regresan a un mundo muy distinto, un mundo en el que los smartphones y las redes sociales tomaron la estafeta.

Por el momento, la compañía Bandai, encargada de la distribución del Tamagotchi, ha difundido que lo pondrá a disposición únicamente en Japón a través de Amazon por la cantidad de 17 dólares. Es una versión más pequeña que la original y conmemora 20 años de la mascota virtual tan famosa en los 90. ¿Volverá a convertirse en un elemento de dependencia entre chicos y grandes?

De la diversión del Tamagotchi, el Pokémon y Candy Crush, a la nomofobia

Sin importar nuestra edad, ¿quién no ha pasado horas buscando Pokémones, en el Candy Crush o en cualquier otro juego del celular? ¿cuántas veces no dijimos “el último y nos vamos”, intentado pasar otro nivel? Ni qué decir del tiempo que invertimos en Facebook, WhatsApp y demás redes sociales, ni el arraigo que tenemos a ellas o la ansiedad que genera no poder abrirlas por lo menos una vez cada hora.

Esta situación ha generado una serie de síntomas que conforman un cuadro conocido como ‘nomofobia’, (del inglés ‘no-mobile-phone phobia’, fobia a estar sin teléfono móvil) que, si bien aún no es reconocido como un trastorno por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), es un término que cada vez se usa con más frecuencia para denominar el miedo que se tiene de quedarse sin teléfono, señal o batería.

Los afectados por esta fobia pueden experimentar los siguientes síntomas:

  • Ansiedad
  • Agitación
  • Transpiración
  • Alteraciones en la respiración
  • Depresión
  • Pánico
  • Miedo
  • Soledad

¿Un mal necesario?

Si bien la ‘nomofobia’ se empieza a considerar una patología, no hay que perder de vista que bien puede ser consecuencia del tiempo en que vivimos. Nuestras relaciones interpersonales y laborales empiezan a girar en torno a los móviles, alejarnos de ellos equivaldría a aislarnos del mundo.

Esto tiene sus ventajas: la comunicación puede ser más fluida, podemos compartir más y estar informados de los acontecimientos al minuto. Desde luego también hay desventajas como la aparente perdida de contacto humano, la posible invasión a nuestra privacidad y la enajenación.

Sí, la cuestión es no descuidar ni el aspecto humano ni la productividad.

Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre

Como todo en esta vida, se trata de equilibrio. Es imposible evitar cambios como éste, pero, cuando el uso de algo se transforma en dependencia, es momento de actuar.

Los expertos recomiendan apagar el móvil de vez en cuando, poner el teléfono a más de 5 metros cuando vamos a dormir y asegurarnos de pasar más tiempo interactuando en persona con otros. Con estas sencillas acciones, que sólo requieren un poco de fuerza de voluntad, podemos guardar el equilibrio entre producción y calidad de vida.

¿Qué hacer si la nomofobia toca a tu puerta o ya entró a tu casa?

Pero a veces es inevitable no atender nuestro zoológico virtual y nos encontramos regresando una y otra vez al móvil, al grado que interfiere con nuestras vidas. ¿Te ha pasado? ¿Qué hacer?

Para la economista del comportamiento Katherine Milkman, de la Escuela Warton de la Universidad de Pensilvania, lo más importante es lograr que los resultados de su investigación puedan ser aplicados para ayudar a las personas en su vida diaria. Por eso ha sugerido un concepto que podría ayudarnos ante situaciones como esta: la integración de las tentaciones (‘temptation bundling en inglés).

La integración de tentaciones es la idea de conjuntar dos actividades: una que deberíamos hacer, pero podríamos evitar (hacer ejercicio, limpiar nuestro hogar); otra que nos encanta hacer, pero que no es necesariamente productiva. Por ejemplo, ver nuestro programa de TV favorito mientras corremos en el gimnasio o tomar nuestra bebida favorita mientras hacemos la limpieza.

Al aplicar este concepto en un estudio, se constató que de esta manera es más fácil guardar un equilibrio entre ambas actividades, lo que no implicó renunciar a ninguna.

¿Sufres de dependencia tecnológica? ¿Crees que la integración de tentaciones podría funcionarte?

Fuentes: Psycology Today, Freakonomics, Management Science