La cultura afectiva, es algo muy personal que integra valores, conocimientos, experiencias y las propias percepciones del individuo.

En la actualidad, la acumulación de tareas cada vez más diversas y complejas,  hace que las familias vivan frecuentemente “fuera de ellas mismas”, olvidando recuperar sus espacios de vida interior, en los que haya un retorno a la sensibilidad, a la reflexión y a llenar “sus mochilas” con un contenido con verdadero significado.

Esta conducta parte de la intención (y es muy importante aclararlo) de que cada padre y madre hacen lo mejor que  pueden para sacar adelante a sus hijos, ¿quién no quiere darle a su hijo lo mejor? ¿quién no quiere hijos exitosos y felices?

cultura de cariño y buen trato

Ojalá con la intención bastara, vivimos en una competencia voraz y en un entorno inseguro,  hoy día la crianza de los hijos tiene retos mayores, “ser padre o madre cariñoso” exige además de expresiones amorosas y ser buenos proveedores, convertirnos en verdaderos líderes que impulsen, inspiren y guíen a sus hijos a ser autosuficientes y a tomar buenas decisiones, decisiones que incluyan en su vida un inmenso deseo de luchar para encontrar oportunidades y ser exitosos,  pero también y no menos importante, que luchen igual por ser felices.

¿Qué hacer?

La mejor vacuna para ello es la prevención.  No es en vano que las instituciones de seguridad social hagan campañas con juegos de palabras evocando precisamente una cultura de la prevención y salud física, sin embargo, el capital de salud física, mermado o equilibrado;  no es más que la punta del iceberg de lo que existe emocionalmente dentro de nosotros.

La nueva corriente cultural, conocida como cultura del cariño y buen trato propone establecer solidez emocional y vínculos fuertes en todas las personas aplicadas a todas las áreas.

cultura de cariño y buen trato

¿Cómo vivir en esta corriente?

Nuestros hijos deben contar con un hogar sano libre de violencia, donde se fomente el amor y el respeto por los demás,   pero también y no menos importante debe incluir  disciplina, límites, y  una moral sólida con valores éticos que les  ayude a crear conciencia de la importancia de recuperar el sentido de vivir en familia, la convivencia,  y  aprender a cuidarse,  cuidar a los otros y el mundo que les rodea.

También debe fortalecer la “confianza y el autovalor”, para regresarle a cada individuo su parte “resiliente” y pueda hacer buen uso de su poder personal y esta fuerza emocional usada en forma positiva, les permita enfrentarse a la adversidad con más valentía  y a usar sus recursos de una manera más inteligente, que los lleve sin duda,  a “construir su mejor versión de sí mismos”, a tener relaciones más sanas y por consiguiente, ser cada día mejores seres humanos.

 

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¿Por dónde puedo empezar?

El proceso para construir este tipo de cultura, puede requerir de apoyo de algún experto, sin embargo, para  comenzar el Dr. Stephen J. Bavolek, Presidente y Fundador de Family Development Resurces Inc., nos sugiere  8 principios básicos:

  1. Vínculos seguros

Cuando los hijos se sienten amados incondicionalmente, la confianza, seguridad y comunicación florecen naturalmente, los padres se alegran de convivir con sus hijos, crean un hogar seguro para la exploración de niños y adolescentes, y fomentan en ellos una sensación de confianza y seguridad.

  1. Empatía

La empatía es una palabra del idioma griego “empatheia” que quiere decir “comprender y responder a los sentimientos ajenos como si fueran tuyos.”

La empatía paterna es la habilidad de los padres de imaginarse en el lugar de sus hijos para mejor comprender lo que motiva su comportamiento y responder con cariño.

  1. Tratarnos con afecto

Los padres que dedicamos tiempo para llenar nuestras necesidades como adultos somos más capaces de comprender las necesidades de nuestros hijos y ayudarles a satisfacerlas.

4. Disciplina

Es muy importante, establecer límites claros a los hijos por medio de Reglas Familiares, donde se les enseñe a distinguir entre lo bueno y lo malo a través de una moral sólida con valores éticos, se fomente el  respeto y cuidado a sus mayores,  entre ellos mismos y lo que poseen  y el  cuidado al entorno y los animales también.

5. Expresar sentimientos

La habilidad de identificar y expresar correctamente los sentimientos de uno, tanto como la habilidad de reconocer y responder adecuadamente a los sentimientos ajenos se llama la competencia emocional. La competencia emocional nos ayuda tanto a nosotros como a nuestros hijos a controlarnos, a respetar y a establecer una comunicación positiva con los demás.

6. Conocer la personalidad de nuestros hijos para tener expectativas apropiadas

Los padres deben observar a sus hijos e identificar cuáles son sus fortalezas y debilidades y también su temperamento, ritmo y capacidad de respuesta a diferentes situaciones.

Tener expectativas apropiadas sobre nuestros hijos, nos ayudará a ser más empáticos y las decisiones que tomemos con respecto a su desarrollo serán más eficaces y asertivas.

7. Contacto físico afectivo

Los hijos que reciben contacto físico cariñoso y tierno con frecuencia desarrollan una auto-estima positiva, durable y saludable.

cultura de cariño y buen tratoHoy más que nunca los padres y las madres, deben reconocer la importancia de aprender y de enseñar, estilos de convivencia más sanos, positivo y libres de violencia, dispuestos a desarrollar este tipo de conductas en sus hogares como estilo de vida.

FUENTES: Bavolek Stephen J. Phd., Kaplan Fran Phd., Las Familias del Mundo.- Ed. Family Development Resources Inc., 2012. Matence Espinosa Ma. Teresa., “El Cariño y Buen Trato en la Familia”. Manual Nivel 1 Papás y Mamás. Marco Teórico. Lección 1 y2. Crianza con Cariño y Buen Trato, A. C.