
Cuando mi sobrino Juan tenía 3 años, estaba muy contento jugando con su globo de gas que traía amarrado a la muñeca. Su abuelo, quien tenia un lenguaje muy colorido, lo cargó para jugar con él y el niño le pidió le cambiara el globo a la otra mano. Al hacerlo, sin querer se le fué el globo y sin pensarlo grito. ¡ya se lo llevó su m...! El niño no lloró, pero muy intrigado le preguntó, ¿La virgen se llevó el globo para el niño Dios?...
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