
Irapuato, Gto. 10 Marzo 2012
Reciban un cordial saludo. Soy lectora de su revista desde hace 23 años, me da mucho gusto que hayan dedicado un espacio especial para hablar de nuestras mascotas ¡Claro que si! De estos seres tan especiales que llenan día con día nuestras vidas de tanto amor y tal pareciera que fueran humanos en cuerpo de animalitos.
El pasado 3 de Marzo de 2012, fue una mañana muy triste para toda mi familia, Alfonso mi esposo, Alfonso y Lucy mis hijos de 17 y 21 años, y su servidora Maribel. Recibimos una llamada a las 3:15 de la madrugada, nos llaman por teléfono de la clínica veterinaria para darnos una mala noticia, nuestra perrita chihuahua de 2 años 6 meses color paja acababa de morir, su nombre Yuyis.
Yuyis fue parte de nuestra familia, la quisimos mucho y sentimos que ella también, era como una niña, no hacía falta que ella hablara entendía muchas palabras, le pedíamos que nos acercara tal o cual monito o pelotita y enseguida nos lo traía para jugar. Ella dormía dentro de la casa y cuando le decíamos: -Yuyis vámonos a dormir, vámonos a la cama- inmediatamente se subía a su camita para que la cubriéramos con una cobijita calientita; siempre usaba suéter o playerita de acuerdo al clima pues era muy friolenta, tomaba el sol todas las mañanas en el jardín de la casa. le decía: -Ven, te voy a cambiar de ropita- y luego, luego se acomodaba para vestirla; cuando estábamos en el comedor, rascaba cierta parte del piso de la cocina para decirnos que también quería comer de lo que estábamos comiendo, si no le compartíamos lloraba apretando suavemente sus ojitos (nos chantajeaba), cuando le preguntábamos que si quería comer, ella sacaba su lengua indicando que si quería aunque no todo podía comer, solo sus croquetas y de vez en cuando un pedacito de galleta o panquecito. Cuando yo le preguntaba: -Yuyis ¿Quién vino?, ¿Quién vino Yuyis?- corría a la puerta o al ventanal de la casa para esperar a alguien de nuestra familia que estaba por llegar. Siempre nos recibía muy contenta para que le hiciéramos un cariño y la cargáramos. Cuidaba nuestra casa como todo un guardián a pesar de que estaba muy chiquita pues pesaba 1.400 Kg. Era mi compañera en todo momento mientras mis hijos iban a la escuela y mi esposo al trabajo, yo me quedaba con mi fiel perrita, yo me movía lo mismo a las recamaras, sala o cocina y ahí estaba siempre acompañándome cuantas veces subiera o bajara del segundo piso, ella nunca se cansaba.
En una ocasión salí al supermercado, y solo Yuyis y mi hijo Alfonso se quedaron en casa, yo había olvidado llevar las llaves; a mi regreso toqué y toqué la puerta y nada, mi hijo estaba con los audífonos oyendo música a todo volumen y nunca me escuchó, pero mi perrita subió y le ladró varias ocasiones, y subía y bajaba las escaleras, a veces llorando y otras ladrando para indicarle a mi hijo que yo tocaba la puerta para que el me abriera. Y así lo hizo, nos avisaba ladrando cuando alguna araña estaba en el piso para que la matáramos.
Yuyis se encontraba muy sana y por lo mismo nos sugirieron que ya era tiempo de esterilizarla, así lo hicimos, acudimos a que le practicaran la cirugía el 26 de Febrero de 2012, pero la llevamos con un médico veterinario equivocado, mi perrita no recibió la atención médica adecuada, tras una semana de dolorosa recuperación se complicó su salud, tuvo un paro respiratorio y pudo volver a la vida, en seguida decidimos cambiar de veterinario, la llevamos con la Dra. Laura Ramírez que nos recomendaron ampliamente unos amigos, y nos recibe con mucho amor y profesionalismo a quien agradecemos profundamente. Ella nos explica en qué condiciones tan tristes se encuentra nuestra querida Yuyis, nos pronostica malas noticias, que hará todo lo humanamente posible para salvar a nuestra perrita y no sufra tanto. Finalmente Yuyis muere unas horas después de haber ingresado al hospital.
Nos la entregaron y la sepultamos en el jardín de nuestra casa. Recibimos mucho apoyo moral de nuestros amigos, familiares y de la Dra. Laura Ramírez que así como nuestra familia nos interesa que las mascotas lleven una vida digna.
No perdemos la esperanza de volver a tener una nueva mascotita en casa, para cuidarla y quererla como lo hicimos con nuestra querida Yuyis que siempre estará en nuestro corazón. Gracias.
Maribel Gallardo Gómez
Irapuato, Gto
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