
En mi familia tenemos, desde hace 22 años, un Loro Parlanchín de cabeza amarilla llamado “Loreto”, el cual desde pequeño aprendió a abrir y cerrar la puerta de su jaula para luego trepar por un tubo cercano que cuelga del techo.
Cierto día, intentando como de costumbre trepar por el tubo, Loreto resbaló y cayó al piso (ileso debido a que aleteó para no golpearse), corriendo de inmediato nuestro perro Fox (de raza ratonera) a inspeccionarlo, ladrando y olfateándolo; mi papá preocupado por que el perro pudiera lastimarlo comenzó a gritarle: “déjalo Fox, déjalo”, alejándose el perro lo suficiente para poner a salvo a Loreto.
Días después, intentando su hazaña de todos los días, Loreto volvió a caer al piso, corriendo nuestro perro curioso a inspeccionarlo nuevamente, a lo que el perico comenzó a decir en tono grave: “déjalo Fox, déjalo”, desconcertando lo suficiente al perro para que mi papá pudiera ponerlo en su jaula.
Desde entonces Loreto no se ha vuelto a caer, sin embargo creo que es un asunto que no le preocupa demasiado, debido a su método infalible para defenderse de Fox.
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