
Tolstoi narra en uno de sus cuentos la historia de un zapatero que, regresando una noche a su casa, encontró un andrajoso desconocido en la puerta de una iglesia. Lo llevó consigo a casa y su mujer le recibió de muy mala manera. A medida que la mujer multiplicaba sus insultos, el desconocido se iba haciendo cada vez más pequeño. A cada palabra cruel, su rostro se arrugaba; pero cuando la mujer le dio de comer, el desconocido empezó a crecer en tamaño y hermosura. Explicaba Tolstoi que el desconocido era un ángel que había caído del cielo, y que por eso sólo podía vivir en una atmósfera de bondad y de amor.
Según las apariencias todo lo lograría el poder, pero la experiencia muestra que es el amor el que todo lo puede. Es el amor el que apacigua e ilumina. Es el amor el que une y el que alegra, es el amor el que acerca y el que cura. Sólo el amor nos hace solidarios unos de otros y nos hace ver lo que somos hermanos de los demás e hijos de un mismo Padre.
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