


Tarjetas que registran la salud... y todo lo demás
Los automovilistas estadounidenses podían comprar gasolina con tarjetas de crédito desde antes de la Primera Guerra Mundial. Pero el auge de las tarjetas no se inició sino hasta 1950, con el establecimiento de la tarjeta Diners Club, del empresario estadounidense Frank McNamara. Esta idea se le ocurrió después de cenar en un restaurante de Nueva York y descubrir que había extraviado su cartera. La tarjeta del Diners Club no es estrictamente de crédito, pues se tiene que pagar toda la cuenta cuando se recibe la factura. Otras tarjetas permiten tener un saldo en contra.
Las tarjetas inteligentes tienen usos más variados que el de las meras transacciones monetarias. A fines de la década de 1980, las autoridades médicas de algunas partes de Europa, Estados Unidos y Japón empezaron a hacer pruebas con tarjetas inteligentes que contienen la historia clínica del usuario. Estas tarjetas con datos clínicos ahorran tiempo y trámites, pues pueden ser consultadas por médicos y laboratoristas en terminales de computación situadas en hospitales, quirófanos y farmacias.
También existen las tarjetas láser, inventadas en California, Estados Unidos. No son tan "listas" como las inteligentes, pero pueden contener mucha más información personal, en un patrón de diminutas dimensiones ?de una micra de diámetro? hechas en una cinta fotosensible. Éstas pueden leerse en una terminal especial con un analizador láser.
La tarjeta puede contener datos de identificación codificados, como las huellas digitales, la firma, la impresión de la voz e incluso una fotografía del usuario, además de diversos códigos de seguridad ocultos, que la hacen prácticamente imposible de falsificar. El espacio de almacenamiento de información es tan grande que hay lugar para datos como las cuentas bancarias y la historia clínica. La información se archiva en la tarjeta bajo diferentes códigos de acceso para que, por ejemplo, el banco sólo pueda leer la información financiera y el médico sólo el historial clínico.
Cómo leen el código de barras las cajas registradoras
Todo comerciante necesita saber qué productos se venden bien y cuáles no, para surtirlos o descartarlos según sea el caso. En las tiendas pequeñas, una contabilidad meticulosa y un vistazo a los anaqueles proporcionan la información pertinente. Pero las tiendas de autoservicio y otros almacenes grandes necesitan un registro rápido y preciso de su enorme surtido de mercancía. Por esta razón se utiliza el código de barras impreso en los empaques.
El código de barras se lee mediante un analizador láser, que lo transmite a una computadora. Ésta procesa los datos, hace cálculos y transmite la información a la caja registradora, la cual imprime la cuenta. La computadora también registra la venta para efectos de inventario.
Los códigos de barra más comunes son los Números Europeos de Artículo (EAN), basados en una cifra de 13 dígitos, y el Código Universal de Productos (UPC), que utiliza 12 dígitos. Cada dígito está representado por una serie de líneas paralelas y espacios en blanco. El analizador láser convierte esa información en señales binarias y la envía a la computadora.
El código proporciona los datos del fabricante del producto y el tamaño del empaque; incluye un código de seguridad que impide que alguien lo altere o que el analizador lo malinterprete. La computadora proporciona el precio a partir de la información del producto, así que la única forma de modificar el precio de un artículo es alterándolo en la propia computadora.
El láser analiza los códigos de barras con un haz de luz que pasa de un extremo a otro. Aunque estos códigos generalmente se imprimen en negro con fondo blanco, el láser los lee en cualquier color oscuro, excepto el rojo; el fondo puede ser de cualquier color claro o tono pastel.
El sistema del código de barras es más rápido y preciso que otros. El error humano es limitado, pues los empleados no tienen que marcar el precio de cada artículo, y los cajeros no necesitan teclear los precios en la caja registradora.
Sin embargo, pueden ocurrir otros errores. Como la computadora proporciona el precio a la caja registradora, la gerencia de la tienda tiene que asegurarse de que los productos muestren ese mismo precio en los estantes.


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VERACRUZ
06/09/2012 15:19
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